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Articulo 6815/032010 publicado el
8/03/2010 - Lecturas:
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Cartagena: una linda y sucia ciudad donde el ciudadano no vale un carajo para quienes gobiernan
Cartagena, orgullosamente Patrimonio Histórico y cultural de la humanidad, mancillada por ser una ciudad sucia, maloliente, donde el ciudadano que la habita no vale un carajo para quienes la mal gobiernan o la mal administran. De nada valen todos sus galardones y sus medallas y blasones, cuando vemos el mar de males que como un tsunami la arrasan.
Un gran cordón de miserables circunda los barrios residenciales y las aguas internas. El servicio de aseo es pésimo en muchas zonas aun en las turísticas. La educación ciudadana es muy baja. El civismo pobrísimo y la cultura del respeto al ciudadano es inexistente.
Una miríada de mototaxistas, vendedores estacionarios y ambulantes, es el resumen de la ineficacia de los empresarios y del gobierno para crear fuentes de empleo digno. Baluartes históricos como las murallas, convertidas en dormidero de más de cien desplazados, miserables y gamines que se guarecen en los tendales para pasar la noche. Murallas que son también la letrina pública para quienes orinan o defecan.
Calles llenas de aguas negras y de desechos urbanos, calles y paredes donde se ve el paso diurno y nocturno de grandes ratas y las procesiones de cucarachas, abundancia de mosquitos, especialmente de aedes Egyptus, vector del dengue. Porquería que compite con la belleza de la ciudad que esa adornada de toda clase de mendicantes y locos apestosos, recubiertos de un mugre horrorizante. El infierno moderno que Dante no hubiera soportado ni descrito.
Un ciudad con un remedo de andenes aun en los barrios de “blanquitos” como se llama a los ricos: andenes rotos, desequilibrados, con diferentes niveles y texturas, resbalosos, con huecos, fracturas, y para el colmo de males con salientes, varillas surgidas del concreto, trampas del acueducto, del alcantarillado, de las cajas eléctricas y telefónicas, andenes criminales, aceitados de los calderos de las frituras callejeras o puercos porque nunca han sido lavados, con toda clase de pegotes y con excrementos humanos y de animales. El sector de Bocagrande y el Laguito en materia de andenes, para no mencionar muchos, es penoso. Y se supone que ello es lo mejor de la ciudad.
Una ciudad donde se programan y se prorrogan obras sin respeto a los ciudadanos y a la vecindad y sin importarles las situaciones económicas de quienes se afectan o generar inmensos problemas de movilidad para la ciudad en general, pudiéndose crear soluciones ágiles y alternativas.
Una ciudad donde los taxistas abusan de las tarifas porque nadie ha podido imponer el derecho a contar con un taxímetro que acabe las extralimitaciones y los robos descarados en las carreras.
Una ciudad que carece en muchos sitios públicos o de servicio al público de una cultura de atención al cliente y donde cualquier retén de la autoridad va acompañado de la picúa o varillazo.
Una ciudad donde más del 64.7% de sus habitantes tiene desfases mentales por decir lo menos y donde el suicidio tiene tasas preocupantes y la violencia intrafamiliar también, es una ciudad que necesita el sumo cuidado, mas si es la segunda ciudad política de Colombia y la puerta turística de nuestro país, que debería ser nuestra meca de un turismo sano y no de un turismo de crápulas y depravados que vienen a comprar sexo con niñas y niños y a consumir y a negociar drogas, con muchas honrosas excepciones, pero bajo un panorama nada alentador.
Es la ciudad que necesitamos rescatar y donde 89.000 pandilleros censados por la Universidad de Cartagena y la policía, son el retrato de una sociedad con males agravados. Vivir en Cartagena para muchos es una forma lenta de morir, porque sufren una gran inequidad y los males nadie los resuelve de fondo, sino que aplican puros pañitos de agua tibia.
Por:Luis Roncallo
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